«Nadie causó tanto daño en tan poco tiempo como la presidencia de Javier Milei»

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Por Gustavo Zadonardi (*).-

El gobierno finge demencia frente a una sociedad desilusionada que no supo escuchar una vieja enseñanza popular que sugiere no tomar decisiones al calor de los estados de ánimo porque suelen traer consecuencias de las que no hay retorno. Ahora ya es tarde.

En una jornada marcada por el descontento y la protesta, la Confederación General del Trabajo (CGT) llevó a cabo su segundo paro general -el pasado jueves-  en menos de cinco meses de gobierno de Javier Milei, un dato que resuena con fuerza en los pasillos del poder y en las calles de la Argentina.

La clase media, los trabajadores y los jubilados ven cómo su poder adquisitivo se desvanece ante medidas económicas que, lejos de promover el crecimiento, parecen condenarlos a una espiral de empobrecimiento. El Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 70, que promete una desregulación económica, ha generado incertidumbre y preocupación entre aquellos que ya sienten el peso de la crisis.

No hay que perder de vista que este gobierno arrancó mal parido de entrada, con una devaluación que supera el 118% y con un pico inflacionario de 25% mensual que duplicó el último registro del gobierno anterior. La moneda nacional ha perdido su valor de forma alarmante, dejando a los argentinos en una posición vulnerable frente a una inflación que no da tregua. El gobierno de Milei, que prometió cambios radicales, parece haber subestimado el impacto de sus políticas en el día a día de la gente.

Después fue el turno del proyecto de ley Bases en el Congreso, que en un primer momento fue retirado por La Libertad Avanza para evitar una derrota legislativa. Sin embargo una versión renovada -que ya tiene media sanción en Diputados- incluye una reforma laboral profundamente adversa para los trabajadores. Esa fue la gota que colmó el vaso. La CGT, junto con otras organizaciones sindicales, ha levantado la voz en defensa de los derechos laborales que se ven amenazados por un gobierno que privilegia el mercado por encima de las personas.

Por todo lo anterior, lejos de ser una medida impulsiva, el paro de la CGT se presenta como una respuesta justificada y necesaria ante la feroz embestida del gobierno contra el poder adquisitivo de las clases media y trabajadora y de los jubilados. El escenario de ajustes y recortes es tan severo que no perdona ni a los enfermos oncológicos, dejados a su suerte, sin medicamentos.

Mientras tanto, el gobierno parece mantenerse firme en su postura, negando que haya razones para la medida de fuerza. Sin embargo, las voces de disconformidad no pueden ser ignoradas, y la presión social crece exigiendo medidas que realmente contemplen el bienestar de la mayoría.

El gobierno se encuentra en una encrucijada: avanzar con medidas impopulares o tomar consciencia del sufrimiento y aplicar una política de reducción de daños. La decisión de avanzar con una agenda que profundiza la brecha social podría tener consecuencias impredecibles y la CGT, las dos CTA y los movimientos sociales seguirán siendo actores clave en la definición de los próximos capítulos de esta historia.

(*) (*) Bachiller Universitario en Derecho. Periodista.

Nota de opinión de 11 de mayo de 2024 exclusiva para Cadena BA, Media News y Diario Platense.